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jueves, 26 de junio de 2014

NO HAY RECETAS, PERO SÍ INGREDIENTES



Esto sucede cada cuatro años, así que bien vale la pena prestarle atención y compartir las reflexiones que surgen: el Mundial de Fútbol. Este evento confronta a las naciones participantes por la supremacía en la cancha de juego, pero en cada partido no sólo se juega con la pelota, sino que intervienen muchos elementos que integran la cosmovisión de cada país, de cada sociedad.



Hay potencias que, por tradición, son temidas, pues es conocida su pasión por el juego que llevan a cabo, el interés común les mueve y les permite levantar el trofeo que les significa ser los campeones del mundo. Esa pasión no siempre es llevada a vida como nación, pero sí en las diferentes áreas de la vida en común, como nación y como individuos. Así vemos a un Brasil que, llevado por su intensidad, hace de cada partido una mística danza que puede hechizar a sus contrincantes. Los países europeos tienen una visión más uniforme, más organizada que les permite obtener mejores resultados, pero también llevan una fuerte carga de pasión por su juego, por su nombre y por su país.



Los países africanos, por su parte, son poseedores de grandes ventajas físicas que les daría casi por lógica la victoria en la competencia, pero su fortaleza no tiene un buen timón, así que por la falta de disciplina les resulta casi utópico poder ganar un torneo de este calibre. En contraparte, durante esta edición hemos podido ver el desempeñojaponés, un país que se caracteriza por un espíritu de lucha, de esfuerzo y detenacidad, una disciplina férrea que les ha sido útil para sobreponerse atremendas desgracias, con gran estoicismo; sin embargo, su disciplina notermina de acompañarse por la pasión del fútbol. Técnicamente hacen lo adecuado, sin embargo, pareciera que no logran empatar esa destreza de movimientos con la intensidad de los sentidos, de las sensaciones y de los sentimientos que genera el fútbol.



De alguna manera, el fútbol canaliza la naturaleza bélica del ser humano, al igual que otros deportes. Como cualquier batalla es necesario tener un por qué luchar, el galardón debe tener un significado. Para vencer esta justa es indispensable la razón para analizar los escenarios, calcular los recursos que se tienen y visualizar el resultado, pero también es necesario contar con la voluntad, la disciplina, la tenacidad, la determinación y la capacidad de trabajar en equipo. Finalmente, el corazón también interviene porque es el que pone la emoción a cada acción, es la fuerza que hace posible que la técnica funcione en tiempo y forma.


Cada selección tiene su propia forma de jugar al fútbol. Nadie puede decir que sea correcto o no, porque los resultados son los que hablan. No hay una receta para meter goles, ni para ganar campeonatos, pero sin duda sí hay elementos que deben estar presentes para ganar ¿La medida? Cada cual sabrá ponerla.
Para ganar tus batallas, elige el galardón que persigues, conoce a tus adversarios y asegúrate que en tu corazón arda la llama ardiente de la pasión, para que tus estrategias sean tan efectivas como tus sueños lo requieren.


lunes, 21 de octubre de 2013

HABLEMOS EN SERIO. HABLEMOS DE FÚTBOL.

Religión, política y fútbol. Temas que no se deben tocar para no crear polémica, pues cada cual tiene su posición y su elección. Sin embargo, quien emita un juicio al respecto debe hacerlo con bases, conociendo del tema para evitar emitir opiniones basadas en el prejuicio y no en el conocimiento.

Y aunque no pretendo crear controversia, hablaré de fútbol. No voy a enarbolar alguna bandera, ni diré que mi equipo es el mejor –aunque lo es. Podemos afirmar que es uno de los temas recurrentes en estas últimas semanas en los bares, en las oficinas, en los camiones, en las salas de las casas y, por supuesto, en las redes sociales, no todos los que hablan lo hacen con conocimiento de causa. 




El fútbol es un deporte que goza de muchos seguidores alrededor del mundo. Y son aficionados que conocen las reglas, las técnicas y la complejidad de lo que implica trabajar en equipo: desde crear una estrategia, instrumentarla, aplicarla y modificarla en el campo de juego. Tiene mucho de épico, pues los enfrentamientos en cada partido –especialmente en eventos como los mundiales- se canalizan esos atavismos bélicos que como especie tenemos, una forma contemporánea de conquista que exige una preparación mental y física de los participantes. 


 

Jugar fútbol, entenderlo, nos permite disfrutarlo. Ése es el principio de un aficionado. Y tiene una magia especial: unifica a los estratos sociales, hermana a los doctores en ciencias y a los albañiles, hombres y mujeres, así como adultos y niños. Sin embargo, hay que dimensionarlo correctamente. Es un deporte que nos puede dar una disciplina para la vida. Es una actividad lúdica que nos ofrece la oportunidad de crear estrategias, que son parte de la conquista de los objetivos en la vida. Es un pasatiempo que puede compartirse con amigos. 

 

Pero también podemos hablar del fútbol como parte de una industria del entretenimiento, también encontramos que es una fuente de ingresos importante que genera empleos, desde la organización de torneos, hasta los negocios que se benefician de los partidos: restaurantes, bares, tiendas de ropa y calzado, agencias de publicidad, empresas de alimentos y bebidas, por mencionar algunos. 


A pesar de todas estas implicaciones, no reposa sobre él la estabilidad de un país, ni el bienestar social, tampoco es una moneda de cambio con fines políticos. No es una preferencia propia de gente inculta, ni exclusivamente masculina. Es fútbol, lo mucho o lo poco que esto pueda significar. 



Los opositores que hablan a la ligera del fútbol y de sus aficionados deberían tomarse el tiempo para conocer este deporte, sin prejuicios, sin posturas, abiertos a aprender, y así forjar su propia opinión. Es muy probable que terminen comprendiendo y compartiendo la pasión de patear un balón que tiene como blanco un marco resguardado por un fiero guardián que no mide peligro ni dolor cuando se trata de defender ese trozo de mundo, que por 90 minutos es su reino.